Cuenta trayectos, no intenciones
Durante una semana, anota cuántos desplazamientos haces y a qué horas. El patrón real suele ser una base mejor que la idea de cuánto crees que vas a utilizar cada opción.
Incluye todos los costes
En vehículo propio cuentan seguro, mantenimiento, aparcamiento y energía. En transporte público importan zonas, transbordos y frecuencia. En movilidad compartida, revisa tarifas por minuto y posibles recargos.
Valora la flexibilidad
Una opción ligeramente más cara puede compensar si reduce tiempos o cubre trayectos que de otro modo requerirían varias alternativas.
Revisa la decisión cada cierto tiempo
Cambios de vivienda, horario o trabajo pueden alterar por completo la opción más práctica. Recalcular una vez al año evita mantener hábitos que ya no encajan.